Escritor español, que cultivó tanto la prosa como la poesía —ambas en multitud de facetas con resultados extraordinarios— y que es una de las figuras más complejas e importantes del barroco español. Nació en Madrid en el seno de una familia de la aristocracia cortesana. Era el tercero de los cinco hijos de Pedro Gómez de Quevedo, que ocupó cargos palaciegos, y de María de Santibañez. Estudió en el colegio de la Compañía de Jesús en Madrid y en la Universidad de Alcalá (Madrid); después cursó estudios de teología en la Universidad de Valladolid (1601-1606), pues allí se había desplazado la Corte. En esta época ya destacaba por su gran cultura y por la acidez de sus críticas contra Luis de Góngora. En 1606 marcha a Madrid en busca de éxito y fortuna a través del duque de Osuna que se convierte en su protector; también entabla un pleito por la posesión del señorío de La Torre de Juan Abad, pueblo de la provincia de Ciudad Real, en el que hasta 1631 gastó una gran fortuna y muchas energías. En 1613 viaja a Italia llamado por el duque de Osuna, entonces virrey de Nápoles, el cual le encarga importantes y arriesgadas misiones diplomáticas con el fin de defender el virreinato que empezaba a tambalearse; entre éstas intrigó contra Venecia y tomó parte en una conjuración. El duque de Osuna cayó en desgracia en 1620 y Quevedo sufrió destierro en La Torre (1620), después presidio en Uclés (1621) y, por último, destierro de nuevo en La Torre. Esta etapa azarosa y desgraciada marcó todavía más su carácter agriado y además entró en una crisis religiosa y espiritual, pero desarrolló una gran actividad literaria. Con el advenimiento de Felipe IV cambia algo su suerte, el rey levanta su destierro pero el pesimismo ya se había hecho dueño de él. Su matrimonio con la viuda Esperanza de Mendoza (1634) tampoco le proporcionó ninguna felicidad y la abandonó al poco tiempo; ella moriría en 1641. De nuevo se siente tentado por la política, pues ve el desmoronamiento que se está cerniendo sobre España y desconfía del conde-duque de Olivares, valido del rey, contra quien escribió algunas diatribas amargas. Un asunto oscuro que habla de una conspiración con Francia, hace que sea detenido en 1639 y encarcelado en San Marcos de León, donde las duras condiciones mermaron su salud. Cuando sale, en 1643, es un hombre acabado y se retira a La Torre para después instalarse en Villanueva de los Infantes donde el 8 de septiembre de 1645 murió.
dilluns, 15 de desembre del 2014
FRANCISCO DE QUEVEDO
La obra de Quevedo es inmensa y contradictoria. Hombre amargado, severo, culto, cortesano, escribió las páginas burlescas y satíricas más brillantes y populares de la literatura española, pero también una obra lírica de gran intensidad y unos textos morales y políticos de gran profundidad intelectual. Esta fusión o doble visión del mundo es lo que le hace el gran representante del barroco español. Sus primeras obras fueron satíricas y burlescas.


Escritor español, que cultivó tanto la prosa como la poesía —ambas en multitud de facetas con resultados extraordinarios— y que es una de las figuras más complejas e importantes del barroco español. Nació en Madrid en el seno de una familia de la aristocracia cortesana. Era el tercero de los cinco hijos de Pedro Gómez de Quevedo, que ocupó cargos palaciegos, y de María de Santibañez. Estudió en el colegio de la Compañía de Jesús en Madrid y en la Universidad de Alcalá (Madrid); después cursó estudios de teología en la Universidad de Valladolid (1601-1606), pues allí se había desplazado la Corte. En esta época ya destacaba por su gran cultura y por la acidez de sus críticas contra Luis de Góngora. En 1606 marcha a Madrid en busca de éxito y fortuna a través del duque de Osuna que se convierte en su protector; también entabla un pleito por la posesión del señorío de La Torre de Juan Abad, pueblo de la provincia de Ciudad Real, en el que hasta 1631 gastó una gran fortuna y muchas energías. En 1613 viaja a Italia llamado por el duque de Osuna, entonces virrey de Nápoles, el cual le encarga importantes y arriesgadas misiones diplomáticas con el fin de defender el virreinato que empezaba a tambalearse; entre éstas intrigó contra Venecia y tomó parte en una conjuración. El duque de Osuna cayó en desgracia en 1620 y Quevedo sufrió destierro en La Torre (1620), después presidio en Uclés (1621) y, por último, destierro de nuevo en La Torre. Esta etapa azarosa y desgraciada marcó todavía más su carácter agriado y además entró en una crisis religiosa y espiritual, pero desarrolló una gran actividad literaria. Con el advenimiento de Felipe IV cambia algo su suerte, el rey levanta su destierro pero el pesimismo ya se había hecho dueño de él. Su matrimonio con la viuda Esperanza de Mendoza (1634) tampoco le proporcionó ninguna felicidad y la abandonó al poco tiempo; ella moriría en 1641. De nuevo se siente tentado por la política, pues ve el desmoronamiento que se está cerniendo sobre España y desconfía del conde-duque de Olivares, valido del rey, contra quien escribió algunas diatribas amargas. Un asunto oscuro que habla de una conspiración con Francia, hace que sea detenido en 1639 y encarcelado en San Marcos de León, donde las duras condiciones mermaron su salud. Cuando sale, en 1643, es un hombre acabado y se retira a La Torre para después instalarse en Villanueva de los Infantes donde el 8 de septiembre de 1645 murió.
Escritor español, que cultivó tanto la prosa como la poesía —ambas en multitud de facetas con resultados extraordinarios— y que es una de las figuras más complejas e importantes del barroco español. Nació en Madrid en el seno de una familia de la aristocracia cortesana. Era el tercero de los cinco hijos de Pedro Gómez de Quevedo, que ocupó cargos palaciegos, y de María de Santibañez. Estudió en el colegio de la Compañía de Jesús en Madrid y en la Universidad de Alcalá (Madrid); después cursó estudios de teología en la Universidad de Valladolid (1601-1606), pues allí se había desplazado la Corte. En esta época ya destacaba por su gran cultura y por la acidez de sus críticas contra Luis de Góngora. En 1606 marcha a Madrid en busca de éxito y fortuna a través del duque de Osuna que se convierte en su protector; también entabla un pleito por la posesión del señorío de La Torre de Juan Abad, pueblo de la provincia de Ciudad Real, en el que hasta 1631 gastó una gran fortuna y muchas energías. En 1613 viaja a Italia llamado por el duque de Osuna, entonces virrey de Nápoles, el cual le encarga importantes y arriesgadas misiones diplomáticas con el fin de defender el virreinato que empezaba a tambalearse; entre éstas intrigó contra Venecia y tomó parte en una conjuración. El duque de Osuna cayó en desgracia en 1620 y Quevedo sufrió destierro en La Torre (1620), después presidio en Uclés (1621) y, por último, destierro de nuevo en La Torre. Esta etapa azarosa y desgraciada marcó todavía más su carácter agriado y además entró en una crisis religiosa y espiritual, pero desarrolló una gran actividad literaria. Con el advenimiento de Felipe IV cambia algo su suerte, el rey levanta su destierro pero el pesimismo ya se había hecho dueño de él. Su matrimonio con la viuda Esperanza de Mendoza (1634) tampoco le proporcionó ninguna felicidad y la abandonó al poco tiempo; ella moriría en 1641. De nuevo se siente tentado por la política, pues ve el desmoronamiento que se está cerniendo sobre España y desconfía del conde-duque de Olivares, valido del rey, contra quien escribió algunas diatribas amargas. Un asunto oscuro que habla de una conspiración con Francia, hace que sea detenido en 1639 y encarcelado en San Marcos de León, donde las duras condiciones mermaron su salud. Cuando sale, en 1643, es un hombre acabado y se retira a La Torre para después instalarse en Villanueva de los Infantes donde el 8 de septiembre de 1645 murió.
diumenge, 14 de desembre del 2014
LA MAS BELLA NIÑA-LUIS DE GONGORA
La mas bella niña
Es un poema compuesto por seis estrofas de diez versos cada una. Como vemos los versos son de seis sílabas, o sea, hexasílabos.
La más bella niña
De nuestro lugar,
Hoy viuda y sola
Y ayer por casar,
Viendo que sus ojos
A la guerra van,
A su madre dice,
Que escucha su mal:
Dejadme llorar
Orillas del mar.
Pues me distes, madre,
En tan tierna edad
Tan corto el placer,
Tan largo el pesar,
Y me cautivastes
De quien hoy se va
Y lleva las llaves
De mi libertad,
Dejadme llorar
Orillas del mar.
En llorar conviertan
Mis ojos, de hoy más,
El sabroso oficio
Del dulce mirar,
Pues que no se pueden
Mejor ocupar,
Yéndose a la guerra
Quien era mi paz,
Dejadme llorar
Orillas del mar.
No me pongáis freno
Ni queráis culpar,
Que lo uno es justo,
Lo otro por demás.
Si me queréis bien,
No me hagáis mal;
Harto peor fuera
Morir y callar,
Dejadme llorar
Orillas del mar.
Dulce madre mía,
¿Quién no llorará,
Aunque tenga el pecho
Como un pedernal,
Y no dará voces
Viendo marchitar
Los más verdes años
De mi mocedad?
Dejadme llorar
Orillas del mar.
Váyanse las noches,
Pues ido se han
Los ojos que hacían
Los míos velar;
Váyanse, y no vean
Tanta soledad,
Después que en mi lecho
Sobra la mitad.
Dejadme llorar
Orillas del mar. En cuanto a su rima, los versos pares riman en asonante (-á), quedando sin rima los impares. No obstante, los dos últimos versos de cada estrofa forman un pareado de rima consonante que se repite al final de cada estrofa a modo de estribillo.
Es un poema compuesto por seis estrofas de diez versos cada una. Como vemos los versos son de seis sílabas, o sea, hexasílabos.
La más bella niña
De nuestro lugar,
Hoy viuda y sola
Y ayer por casar,
Viendo que sus ojos
A la guerra van,
A su madre dice,
Que escucha su mal:
Dejadme llorar
Orillas del mar.
Pues me distes, madre,
En tan tierna edad
Tan corto el placer,
Tan largo el pesar,
Y me cautivastes
De quien hoy se va
Y lleva las llaves
De mi libertad,
Dejadme llorar
Orillas del mar.
En llorar conviertan
Mis ojos, de hoy más,
El sabroso oficio
Del dulce mirar,
Pues que no se pueden
Mejor ocupar,
Yéndose a la guerra
Quien era mi paz,
Dejadme llorar
Orillas del mar.
No me pongáis freno
Ni queráis culpar,
Que lo uno es justo,
Lo otro por demás.
Si me queréis bien,
No me hagáis mal;
Harto peor fuera
Morir y callar,
Dejadme llorar
Orillas del mar.
Dulce madre mía,
¿Quién no llorará,
Aunque tenga el pecho
Como un pedernal,
Y no dará voces
Viendo marchitar
Los más verdes años
De mi mocedad?
Dejadme llorar
Orillas del mar.
Váyanse las noches,
Pues ido se han
Los ojos que hacían
Los míos velar;
Váyanse, y no vean
Tanta soledad,
Después que en mi lecho
Sobra la mitad.
Dejadme llorar
Orillas del mar. En cuanto a su rima, los versos pares riman en asonante (-á), quedando sin rima los impares. No obstante, los dos últimos versos de cada estrofa forman un pareado de rima consonante que se repite al final de cada estrofa a modo de estribillo.
Por el uso de versos de arte menor, de la rima asonante y del estribillo que se repite es evidente que Góngora se inspira en la tradición de la lírica popular, aunque emplee recursos cultos, para dignificar la composición.
La letrilla se inspira en las jarchas y en la lírica popular peninsular, pues nos encontramos una vez más ante el lamento de la joven abandonada que se dirige a su madre en busca de consuelo. No obstante encontramos algunos recursos cultos.
Así aparece una metonimia en sus ojos/ a la guerra van, donde se refiere a su amado. Es una metáfora, las llaves de mi libertad. Por otra parte son frecuentes los paralelismos: tan corto el placer/ tan largo el pesar, váyanse las noches… váyanse y no vean… Además las antítesis son abundantes: hoy viuda y sola/ y ayer por casar… tan corto el placer/ tan largo el pesar; yéndose a la guerra quien era mi paz, si me queréis bien/ no me hagáis mal; viendo marchitar /los más verdes años/ de mi mocedad.
dijous, 11 de desembre del 2014
GARCILAZO DE LA VEGA
Garcilazo de la Vega


Fue un poeta y militar español del Siglo de Oro, considerado uno de los escritores en español más grandes de la historia.Garcilaso entró a servir en 1520 a Carlos I de España en calidad de miembro continuo de la guardia regia. Aprendió griego, latín, italiano, francés, música y esgrima. Tuvo un amorío con una dama comunera toledana, doña Guiomar Carrillo, de la cual tuvo un hijo que reconoció de forma póstuma, Lorenzo Suárez de Figueroa, nacido hacia 1521, según dice en su testamento: «Don Lorenzo, mi hijo, sea sustentado en alguna buena universidad y aprenda ciencias de Humanidad hasta que sepa bien en esta facultad; y después, si tuviere inclinación a ser clérigo, estudie Cánones, a y si no, dése a las Leyes; y siempre sea sustentado hasta que tenga alguna cosa de suyo». En los años siguientes luchó en la Guerra de las Comunidades de Castilla y fue herido en la acción de Olías del Rey; también participó en el cerco a su ciudad natal (1522); a finales de ese mismo año se embarcó en compañía de Juan Boscán y Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, futuro virrey de Nápoles, en una expedición de socorro que quiso (y no pudo) evitar la caída de Rodas en poder de los turcos; de nuevo resultó herido, esta vez de gravedad.
De vuelta a España fue nombrado caballero de la Orden de Santiago y en 1524 se enfrentó a los franceses en el cerco de Fuenterrabía. A su retorno a Toledo, contrajo matrimonio en 1525 con Elena de Zúñiga, dama de doña Leonor, hermana de Carlos V; por ello Garcilaso entró a formar parte del séquito de ésta. Por entonces empezó a escribir sus primeros poemas según la estética de la lírica cancioneril, que pronto desechará; además ejerce un tiempo como regidor de su ciudad natal.
Fue un poeta y militar español del Siglo de Oro, considerado uno de los escritores en español más grandes de la historia.Garcilaso entró a servir en 1520 a Carlos I de España en calidad de miembro continuo de la guardia regia. Aprendió griego, latín, italiano, francés, música y esgrima. Tuvo un amorío con una dama comunera toledana, doña Guiomar Carrillo, de la cual tuvo un hijo que reconoció de forma póstuma, Lorenzo Suárez de Figueroa, nacido hacia 1521, según dice en su testamento: «Don Lorenzo, mi hijo, sea sustentado en alguna buena universidad y aprenda ciencias de Humanidad hasta que sepa bien en esta facultad; y después, si tuviere inclinación a ser clérigo, estudie Cánones, a y si no, dése a las Leyes; y siempre sea sustentado hasta que tenga alguna cosa de suyo». En los años siguientes luchó en la Guerra de las Comunidades de Castilla y fue herido en la acción de Olías del Rey; también participó en el cerco a su ciudad natal (1522); a finales de ese mismo año se embarcó en compañía de Juan Boscán y Pedro Álvarez de Toledo y Zúñiga, futuro virrey de Nápoles, en una expedición de socorro que quiso (y no pudo) evitar la caída de Rodas en poder de los turcos; de nuevo resultó herido, esta vez de gravedad.
De vuelta a España fue nombrado caballero de la Orden de Santiago y en 1524 se enfrentó a los franceses en el cerco de Fuenterrabía. A su retorno a Toledo, contrajo matrimonio en 1525 con Elena de Zúñiga, dama de doña Leonor, hermana de Carlos V; por ello Garcilaso entró a formar parte del séquito de ésta. Por entonces empezó a escribir sus primeros poemas según la estética de la lírica cancioneril, que pronto desechará; además ejerce un tiempo como regidor de su ciudad natal.
SONETO V-GARCILAZO DE LA VEGA
Garcilaso de la Vega SONETO V
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
Primer verso:
En el alma vive el recuerdo de la efigie o rostro
y ello es motivo suficiente de inspiración.
Intrepretación que mueve al escritor
y de ello es que se ocupa.
Segundo verso:
Menciona la disposición ineludible de escribirle
y la confusión del bien como un todo identificado.
Esgrimiendo la fe como benevolo recurso.
Tercer verso:
Desdobla entonces su amorosa letra
y aunque alude al destino
reconoce que el amor es su camino.
Cuarto verso:
Aquí es el reconocimiento total,
que se define, según mi apresiación,
como "Aquella bendita dependencia"
la sumisión...la entrega y el anhelo
sagrado del amor perpetuo.
Comentario adicional:
En realidad es encantador leer a Garcilaso.
Su lenguaje atrapa, arranca suspiros.
La elegancia y brevedad de sus escritos
es más que excelsa...es infinita.
En el alma vive el recuerdo de la efigie o rostro
y ello es motivo suficiente de inspiración.
Intrepretación que mueve al escritor
y de ello es que se ocupa.
Segundo verso:
Menciona la disposición ineludible de escribirle
y la confusión del bien como un todo identificado.
Esgrimiendo la fe como benevolo recurso.
Tercer verso:
Desdobla entonces su amorosa letra
y aunque alude al destino
reconoce que el amor es su camino.
Cuarto verso:
Aquí es el reconocimiento total,
que se define, según mi apresiación,
como "Aquella bendita dependencia"
la sumisión...la entrega y el anhelo
sagrado del amor perpetuo.
Comentario adicional:
En realidad es encantador leer a Garcilaso.
Su lenguaje atrapa, arranca suspiros.
La elegancia y brevedad de sus escritos
es más que excelsa...es infinita.
dissabte, 6 de desembre del 2014
FRANSICO DE QUEVEDO: MIRE LOS MUROS DE LA PATRIA MIA
Fransico de Quevedo: mire los muros de la patria mia
La voz poética nos hace saber que el personaje que nos narra la historia nos pone en situación donde pareciera que se ha muerto mucha gente cercana aa él y por eso nace el pensamiento de la muerte.
Miré los murosMiré los muros de la patria mía,si un tiempo fuertes ya desmoronadosde la carrera de la edad cansadosSalíme al campo: vi que el sol bebíapor quien caduca ya su valentía.que con sombras hurtó su luz al día.los arroyos del hielo desatados,y del monte quejosos los ganadosEntré en mi casa: vi que amancilladaVencida de la edad sentí mi espada
de anciana habitación era despojos,mi báculo más corvo y menos fuerte.que no fuese recuerdo de la muerte.y no hallé cosa en que poner los ojos
El soneto describe la idea de que la muerte es muy difícil de olvidar y por eso el autor intenta explicar, que mirara donde mirara, podía sentir la presencia de la muerte.
Miré los muros de la patria mía, Asi un tiempo fuertes ya desmoronados Bde la carrera de la edad cansados Bpor quien caduca ya su valentía. ASalíme al campo: vi que el sol bebía Alos arroyos del hielo desatados, By del monte quejosos los ganados B
que con sombras hurtó su luz al día. AEntré en mi casa: vi que amancillada Cde anciana habitación era despojos, Dmi báculo más corvo y menos fuerte. EVencida de la edad sentí mi espada, Cy no hallé cosa en que poner los ojos Dque no fuese recuerdo de la muerte. E
FRANSICO DE QUEVEDO: TODAS LAS COSAS SON AVISO DE LA MUERTE
soneto de Francisco de Quevedo: “Todas las cosas son aviso de la muerte”
Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.
Salíme al campo: vi que el sol bebía
los arroyos del hielo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.
Entré en mi casa: vi que amancillada
de anciana habitación era despojos;
mi báculo más corvo y menos fuerte;
Vencida de la edad sentí mi espada.
Y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.
-Esta obra se sitúa dentro de la poesía barroca, con lo que algunas de las características son:
La poesía barroca refleja la conciencia de crisis, el pesimismo y el desengaño característicos de esta etapa cultural.
El contenido de esta obra presenta una clara alusión al pesimismo y la presencia de la muerte que existía en esa época. El soneto nos quiere describir la idea de que el recuerdo de la muerte es muy difícil de olvidar y por eso el autor intenta explicar, que mirase donde mirase, podía sentir a la muerte.
Este texto de género lírico podemos contextualizarlo y saber que el personaje que nos narra la historia nos pone en situación cuando parece que se ha muerto mucha gente cercana al narrador y por eso surge ese pensamiento de la muerte. También podemos apreciar que a cada cosa que el mira, parece como si la muerte estuviese cada vez más cerca del personaje.
El tema del soneto es la frustración que tiene al no poder encontrar nada que no le recordase a la muerte.
- Francisco de Quevedo nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580. Estudio en Alcalá de Henares y en Valladolid. Durante un tiempo se dedico a la diplomacia, y participo en actividades políticas, lo que le llevo a ser desterrado e incluso a la cárcel.
Fue un autor muy popular por su agudeza e ingenio, así como por sus chistes y escritos burlescos. Enemigo declarado de Góngora, intercambio con el poeta cordobés numerosos escritos de carácter satírico.
La presencia de la muerte y aspectos negativos en las obras de Quevedo viene de la nueva mentalidad que se implanta en el siglo XVII español.
Fue un autor muy popular por su agudeza e ingenio, así como por sus chistes y escritos burlescos. Enemigo declarado de Góngora, intercambio con el poeta cordobés numerosos escritos de carácter satírico.
La presencia de la muerte y aspectos negativos en las obras de Quevedo viene de la nueva mentalidad que se implanta en el siglo XVII español.
-El estilo. El texto consta de un lenguaje natural. El tono o actitud del autor es serio aunque a la vez satírico (esta ultima característica se muestra muy poco en el poema), y la cosmovisión del autor es realista, ya que no trastoca los conceptos que percibe para crear nuevos pensamientos, sino que directamente cuenta lo que piensa.
-Este soneto tiene características semejantes que se les prestan más atención en la actualidad de hoy en día, como son los efectos del paso del tiempo, algo que todavía preocupa a nuestra sociedad.
dijous, 4 de desembre del 2014
FRANSICO DE QUEVEDO: ERASE UN HOMBRE CON UNA NARIZ PEGADO
Fransico de Quevedo: Erase un hombre con una nariz pegado
las peleas de estos dos grandes autores contemporáneos debieron ser sonadas!!
Quevedo y Góngora, enfrentados por la forma de entender la literatura -cultistas vs. Conceptistas, etiquetas que se colocaron por la crítica literaria del siglo XVIII para definir ya esta oposición- llevarán el enfrentamiento a lo personal, en un diálogo poético nunca visto hasta entonces:
Esto fue lo que se dedicaron para la posteridad. Extensas y refinadas composiciones que se pueden tildar de "pavoneo poético" en el que despliegan sus mejores plumas, nunca mejor dicho.
Primer asalto. Ataca Quevedo.
CONTRA DON LUIS DE GONGORA Y SU POESIA
Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano;
este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;
el minoculo sí, mas ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;
éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.
Segundo asalto. Ataca Góngora.
Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope
¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día.
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?
Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.
Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego
Tercer asalto. Ataca Quevedo.
Yo te untaré mis obras con tocino
Porque no me las muerdas, Gongorilla,
Perro de los ingenios de Castilla,
Docto en pullas, cual mozo de camino.
Apenas hombre, sacerdote indino,
Que aprendiste sin christus la cartilla;
Chocarrero de Córdoba y Sevilla,
Y en la Corte, bufón a lo divino.
¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?
No escribas versos más, por vida mía;
Aunque aquesto de escribas se te pega,
Por tener de sayón la rebeldía.
Cuarto asalto. Ataca Góngora.
A don Francisco de Quevedo
Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.
Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina
a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,
que en oro engasta, santa insignia, aloque,
a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano.
- personalmente me gusta mas Quevedo, menos artificioso y mas divertido..
A una nariz
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.
Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.
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